Raquel:
¡Hola, Taylor! Te ves muy bonita hoy en esa camisa amarilla.
Taylor:
Gracias. Me puede dar aquella bandeja,
por favor. Ay, no sabes cómo me gustaría irme.
Raquel: Sí,
te entiendo. Este trabajo es horrible. Y todo es del color café en este restaurante.
Taylor: Sí,
lo sé, pero por lo menos aquí en la cocina
no haya tanta madera.
Raquel: De
acuerdo, pero allí afuera en el comedor
es como entrar a un mundo de marrón. Lo odio
Taylor: (se
ríe) Claro. Bueno, tengo que llevar esta comida
a la mesa 253. Ya vuelvo.
(Taylor
sale al comedor y regresa)
Raquel: ¿Quieres
venir al cuarto de descanso por un
par de minutos? No pareces muy ocupada y alguien ha traído galletas.
Taylor: Sí,
pero primero voy a la guardería para
recoger más azúcar para el té dulce. Si no, el gerente me va a gritar otra vez.
Nunca puedo hacer nada correctamente. Me indigna que Josh siempre crea
que todo es por mi culpa.
Raquel: Sí,
es imposible. Vale. Te veo pronto. Dile a Jess que me diga si alguien se siente
en una de mis mesas.
(Los dos se
encuentran en el cuarto de descanso)
Taylor: Ay,
por fin tenemos un momento para descansarnos un poco. Ooh, me gustan tus
pendientes. ¿Son de plata?
Raquel: Sí,
mi ex novio me los compró hace dos
años pero todavía los llevo a veces.
Taylor:
Bueno, me imagino que él estaba viviendo la vida en roja entonces.
Raquel: (Se
ríe) Claro. Y los pendientes se ven perfectos con esa camisa rosada, ¿no crees?
Taylor: Sí.
Bueno, Raquel, tengo que chequear el te
dulce y verificar que ya está hecho o el jefe me matará. Te veo en la
cocina.
Raquel: Bueno,
la verdad es que escuché Josh hablando en la tienda ayer y dijo que te iba a despedir muy pronto. Siempre estás quejándose,
así que pensaba que solo debes renunciar el trabajo y dejarlo ahora.
Taylor: Pues,
tienes razón. Me voy a decirlo a Josh ahora. No puedo aguantar a esos viejos aquí dentro por un día más. Me
entristece que no me hubieran dicho algo antes. Pero así es. Adiós Raquel!